“La Iglesia nunca me rechazó, ni se avergonzó de mí»

El testimonio de Eduardo Antonio Ramos, un hombre que todos los días libra una lucha contra el alcoholismo.

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Es directo al señalar que es un rescatado por la misericordia de Dios. “Qué podría decir yo viniendo de estancos, de bares, de estar tirado en la calle”, sostiene. Como miembro del Instituto Hondureño de Doctrina Social Católica (IHDOSOC), considera que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) carece de interés para los católicos, porque somos cristianos prácticos “Nos quedamos con la liturgia y la comunión, y rehusamos al compromiso”.

¿Quién es Eduardo Ramos?

Soy un hombre casado con 30 años de matrimonio, cinco hijos, una nieta. Catecúmeno y todavía en un proceso de construcción por parte del Señor, porque a pesar de que ha hecho muchos cambios en mi vida; aún le quedan muchos por hacer. Mi combate es diario para poder ser reflejo de la luz, sal y fermento en esta sociedad.

¿Qué papel juega la familia en su vida?

Muy importante, es el motor que me impulsa a seguir cada día. Sin familia, la vida creo que no tendría sentido, el poder levantarse y hacer algo; porque en el hogar uno se da cuenta si realmente se valoran las cosas.

¿Hubo algún capítulo de su vida fuera de la Iglesia?

Si, un buen tiempo, no un capítulo; podríamos decir la mitad del libro. A pesar de que mi madre hizo su transmisión de fe, el diablo fue astuto y anduve deambulando mucho tiempo. Caí en el alcoholismo, fue algo muy fuerte que casi me lleva a perder mi matrimonio en los primeros siete años, es un capítulo bastante amplio en el cual estuve sin Dios.

¿Qué cosas extrañas de ese tiempo sin Dios?

Ninguna, al contrario, creo que es una factura que todavía estoy en deuda con el Señor. De tantas cosas malas que hice, lo único que puedo extrañar es no haberlo dejado de hacer. Eso, de ahí no creo que no allá algo que empuje a regresar a esa vida, eso espero en Dios que no pase, porque como ser humano la carne es débil y lo señalé al inicio estoy en combate.

¿Qué pasó en su vida, que motivó su encuentro con el Señor?

Como lo dije al inicio soy un alcohólico, comencé a beber a los 13 años y aun estando en la Iglesia; paré a los 32 años. Mi hija, cuando tenía 9 años dijo que se avergonzaba de mí por cómo era, un alcohólico, con pleitos en la casa y eso me puso a pensar mucho. Entonces volví a mi comunidad, a los sacerdotes y catequistas. La Iglesia nunca me rechazó, ni se avergonzó de mí y hoy por hoy; sigo luchando.

¿Qué es lo que más le gusta de la Iglesia?

La comunión. Marca la vida estar con tantos hermanos, diversas situaciones como económicas, laborales, sociales, personales, sentimentales. Es el lugar en donde yo puedo ser libre y contar estas cosas que comparto ahora, pues en otro lugar sería etiquetado y eliminado. Mientras que, en la Iglesia, con mi gente; puedo llorar, reír, esperar un consejo hasta una oración.

¿Cómo llegó a cursar estudios de Doctrina Social de la Iglesia?

Siendo párroco, hoy Obispo de Copán; Monseñor Darwin Andino, nos eligió, con mi esposa para ir a México a estudiar DSI. Él, siempre ha creído que el matrimonio como tal debería estar al servicio de la Iglesia. Así durante tres años, viajábamos a México, gracias a becas que consiguió el Cardenal Rodríguez.

¿En qué radica la importancia de la DSI, para la persona cristiana?

Es que es un compromiso, por ser el brazo social de la Iglesia. Se trata de atender el constante grito que sigue haciendo la iglesia, pide al pueblo de Dios que se acerquen a los más necesitados, a los pobres, eso es la Doctrina Social de la Iglesia. Es el bien común, la distribución equitativa de los bienes, la solidaridad, en donde podemos ver prefigurados los principios de la Doctrina Social de la iglesia.

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