Con estas palabras, el Papa Francisco indicó que la manera en que Dios nos salvó fue sirviéndonos. El Pontífice presidió este día un inusual inicio de la Semana Santa en la Basílica de San Pedro, ya que, debido a la pandemia del Covid-19, no se puede celebrar con la presencia de fieles.

El Papa resaltó la figura de Jesús, como siervo, el que lava los pies el Jueves Santo, el que sufre y triunfa el Viernes Santo y que nos salva. “Dios nos salvó sirviéndonos. Normalmente pensamos que somos nosotros los que servimos a Dios. No, es Él quien nos sirvió gratuitamente, porque nos amó primero. Es difícil amar sin ser amados, y es aún más difícil servir si no dejamos que Dios nos sirva” dijo.

Un amor que es no broma, sino que le llevó a sacrificarse por la humanidad, hasta el punto de experimentar las situaciones más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono expresó el Vicario de Cristo. “Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene” dijo.

En este tiempo, especialmente en Semana Santa, el Papa nos invita constantemente a mirar al crucificado, por lo que hay que “redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor. De este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado —mirad, mirad al Crucificado—, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos, mirando al Crucificado, la gracia de vivir para servir. Procuremos contactar al que sufre, al que está solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que podemos hacer.

A los jóvenes, que participan normalmente este día de la Jornada Mundial de la Juventud diocesana, les invitó a mirar “a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás. Sentíos llamados a jugaros la vida. No tengáis miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganaréis! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande, es decir, sin condiciones, sí al amor. Es decir, sin condiciones, sí al amor, como hizo Jesús por nosotros”.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA EL DOMINGO DE RAMOS

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